martes, 8 de marzo de 2011

La prima hermana



Me alcanzó el primer día de la mujer que desde las entrañas siento una gran necesidad de salir a abrazar a mis compañeras más cercanas. Me alcanzaron los legrados clandestinos, los abusos infantiles, los estupros bienintencionados, las ideas suicidas del año pasado. Me alcanzaron las botellas de tequila y cuchillos en la bolsa como último recurso, los planes de matar a la traición, las confesiones a media noche. Me alcanzaron los problemas de salud, las huídas en invierno de quienes quieren irse nomás así con su deseo marchito. Me alcanzó el silencio de la abuela, la muerte de la abuela. Las enfermedades terminales, las redefiniciones de lo adverso, los hijos que ya no tendremos, las partidas de madre que he dejado repartidas por ahí en algunas camas. Me alcanzó Marisela y Alberta y Digna y Ramona y Sara y las Abejas y Jacinta. Me alcanzaron mis amigas reprimidas y golpeadas en las plazas. Me alcanzaron las mentiras cuando amé, los vestidos de novia que no voy a ponerme, las peticiones para compartir la vida que nunca más serán formuladas. Me alcanzaron las historias de las mías. Me alcanzaron las ganas terribles de dejarme caer en unos brazos con la putada diaria de la oficina a cuestas. Me alcanzó ese momento donde la rabia no comparte almohada y las lágrimas llueven para dentro. Me alcanzó la vida adulta y el abrazo de otra espalda.

2 comentarios:

  1. Querida niña Pigmallion.

    Sé que a veces se hace necesario un poco de silencio. Con el deseo de que todo esté lo mejor posible por allá.

    Sea Pues. Un abrazo.

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