martes, 29 de julio de 2014

Tetris



La vida misma, Pedro.

Ahora sí te escribo desde la ciudad, la otra vez era San Luis y hasta hace poco Oaxaca e Hidalgo. Así ni cómo regresar, pensé. Pink Floyd nos acompaña. 

Supuse que no has apostado nada desde entonces, creo que yo tampoco. O tal vez sí, pero contadas veces y valieron la pena cada una a su modo. En una cosa no te equivocaste: "cada vez se siente menos", eso ibas diciendo mientras atravesamos la ciudadela la segunda vez que te vi. Entonces sí estaba muy triste. 

Me hizo gracia que me digas tristísima y desencaminada. Más bien la nostalgia se me ha pegado a los huesos. Verás, primero me senté a esperar casi un lustro entero, dividido en dos partes: en la primera parte cometí muchas idioteces, quise obligarme a creer en el amor doméstico, instalada en el pensamiento pragmático en turno, pero al final guardaba la clara sensación que mi vida se parecía mucho a un pastel mal cocinado. 

Por otro lado, en la misma primera parte, me leí de buena gana mucho de lo que me cayó en las manos, particularmente me gustaba perder horas en la vida de otros, leyendo sus tuits y micro universos; a veces atiné a entablar intercambios epistolares con hombres a los que admiré profundamente y supongo que quise todavía más. 

El punto fue que llegado el día esos amoríos virtuales eran eso, condena a no ser, improbabilidad, desuso, descostumbre, mal cálculo, leche deslactosada, retroviral de patente y lo que quieras sumar a la lista pues. Asumo que los autores se descubrían ilusionados de verdad sin nada en su corazón que ofrecerme. Bella contradicción. 

Y así, sin más, desaparecieron. Pienso que sentirse estúpido y amado, a quien sea que esto le pase, desorienta y mal viaja bastante.  La revolución (a la que se entra para no ganar, dices) a veces resulta mucho de beneficio para el militante común que colecciona amores libertarios como se coleccionan fanzines, pero nada más.

No sé si me estoy dando a entender, Pedro. Ahora mismo te escribo con la palabra que se configura después de hablar en espirales con gente valiosa, de voltear el mundo para encontrar asuntos bien básicos de supervivencia que tienen que ver sobre todo con el simple hecho de aceptarse a uno mismo. 

Estas líneas no quieren ser un juego de lenguaje confuso o retórica exquisita que me haga más interesante. Un día perderé chiste para todos, eso lo sé. Y no me preocupa. Más bien, mientras tanto, me propuse reventar cada burbuja de eso que se supone ser una buena mujer. 

En esto constó la segunda parte del lustro, en perderme nomás y las circunstancias ayudaron bastante. Perdí mi trabajo de oficinita sin sol, anduve un mes después en Canadá y regresé a la ciudad para corroborar cómo mi pseudo matrimonio (aunque bien nunca estuve casada) se había consumido por completo. Él se fue un rato y, a diferencia de otras muchas cosas, dolió muy poco; fue más un alivio y detonador de nuevos asombros. El camino de autoconocimiento ya avanzaba en otras direcciones, hacia adentro. 

Otros bailes llegaron, otras formas de resistir en cruel embate de lo cotidiano, otros dolores de pecho y almohadas apretadas bajo la noche que nada cuenta en invierno, otras noticias igual de peores sobre la salud de los más cercanos y así. Estuvo bien, el dolor enseña verdades genuinas, espero haberme transformado en una persona menos blandengue. 

Quizá ahora me crea más mis moralejas de animalitos, no lo sé. Un día sólo sentí necesidad de no estar periodos muy prolongados en la ciudad y cada que puedo me voy lo más lejos posible, a desdibujar los caminos que se me borran, pero cabal, hasta que no quede marca alguna, porque los recuerdos ocupan mucho espacio en el equipaje. 

Así me doy mis quienes contra el apego, en las carreteras, en solitario. 

Y sin prisa, tienes mucha razón, la prisa no sirve de nada. La última vez que hablé de ti a alguien primero dije que no tenía prisa y a la mañana siguiente cité aquello de "te tallarás el cuerpo con varios, ojalá que con muchos". Posteriormente transcribí al blog tu letra. 

¿Y tu libro? Lo visito frecuentemente, casi siempre en las malas, por encima de las buenas. Podría recitar de memoria algunos versos a estas alturas. 

Ese bálsamo de anormalidad nos mantiene vivos en algún planeta distante. Como se mantienen vivos José Cruz y la mujer liviana, los cínicos y la putas, la montaña y su eterna historia de amor con las nubes; la desdicha de todo el universo y bueno, usted me entiende. 

Año 20 del inicio de la guerra contra el olvido.  Ciudad de México.


Lucía




miércoles, 16 de julio de 2014

jueves, 3 de julio de 2014

Diplomacia

"Mi queridita y acuática:

En el infierno, fingimos cómodamente nuestra estancia en el mundo. La oficinita se convierte pues, en la única y mejor trinchera desde donde lanzamos impetuosos -e infructuosos- proyectiles tiernamente teledirigidos a ridículos planes. Tememos no temer. Ni tener.

Cierto es, que los días aciagos son un ángel no invitado que no nos molesta más. Uno quisiera permanecer atrincherado y así, evitar el cursi y tormentoso paso del espinoso pensamiento en turno. En su lugar pretendemos -con cierta maña- acompañarnos solitarios, cansarnos, desfallecernos en el desencuentro y, entre rumbas y alcoholemias ahorrarnos la melancolía y hacernos más soportable -y bailable- el paso de las horas.

Le decía yo, my boss bunny, que en este tren las intenciones no pasan desapercibidas. Otra cosa es que para desatendernos tengamos que chiflar tristemente en el vagón de las imposibilidades. Ya ve que nos la pasamos hablando de los otros, como si tal cosa fuese un bálsamo para nosotros, par de extraviados. Y usted, que me entiende a su manera, seguramente tendrá el cómico gesto en esa cara malévola que nos quiere vender.

Yo comprendo que su sagaz mirada responde más bien al desinterés de andar por ahí de romántica con quién sabe qué desdichado cristiano y evita, en la medida de lo posible, ser la mujer fatal que en el fondo le disgusta.

Pero sé que usted, mi lugarteniente, mi mandamás coincidente, es la breve vie doce que me salva en los pasillos de alfombritas acarameladas; la cuerda floja entre el café chatarra matutino y la inevitable desolación elevadoriana de despedirme, diariamente, de su muy acelerada e insegura diplomacia. 

Y es que de alguna manera en el intento, fingimos trazar planes, desbocar el tren, descarrilarnos en favor de lo que vendrá. Aunque en verdad usted y yo sabemos, que el tren partió sin nosotros.

Le propongo sin más, cambiar de transporte.

atentamente:
Su Inconsciente Insubordinado"



P. PALACIOS
2 de septiembre, en Pasado meridiano, p. 40


Regresar a Pasado meridiano en distintos momentos de mi propio personaje, porque como decía aquél amigo ni tan cercano, hay soles muy altos.

Pienso que hay atardeceres violentos, adioses y resplandores recargados en los autos viejos, dispuestos para recordarnos lo imprescindible del discernimiento para no confundir, vuelvo a citar, entre lo que es del corazón y lo que es de la mente, lo que es del amor y lo que es del deseo, lo que es  medicina y veneno, lo que es el anhelo muy diferente a lo que pertenece al orden de la visión.

My darling, my darling...

It's the wrong music, you know it.

-Esta claridad nubosa se anuncia como visión resplandeciente... ya lo verás.




domingo, 15 de junio de 2014

Ojo de dios

El cometa 2+7 deja ver su cola de brillos que al pasar por la madre tierra cierra las heridas, cierra los ciclos, cierra las estaciones; precede al inicio de nuevas etapas. 

Al mirar la luna llena, el que es capaz de contemplar, sea él o ella,  guía su corazón por la música de abajo; poco a poco se desprende, se incorpora como hombre hecho, cuya existencia conecta con el fruto sagrado del amor y las gotitas de lluvia que harán crecer las milpas más allá de la medida entre la tierra y mi cintura. 

Y esa mujer o ese hombre acuden al llamado de su propio espíritu, nombran la calma, la convocan juntos. Aprenden a soltar y a fluir, aprenden a sincronizar su corazón con el árbol, con la hoja, con los tambores. Hay una fiesta de gozo e infinito amor en su interior. 

Recuerdan y se asoman a sus propios abismos, miran en su reflejo luces espectaculares, se han despedido hace rato de lo que no volverá a ser jamas. Saltan del desencuentro al destiempo sorteándose como en un baile sobre nopales y no caen. No podrían caer ya. Tendrían toda la calma de una vida para levantarse si así fuera.

Buscan al hombre-sabio, han estado con él en la isla de los alacranes. Aquel mago tiempero ha mojado sus pies y sus ojos, también ha depositado bendiciones sobre su instrumento de trabajo. El agua renueva, permitirá seguir caminando, permitirá abrir paso a la visión. Así sea.

El tiempo está en manos de la mujer o el hombre que ha llegado a la conciencia, no tiene valor ni corresponde al orden del capital. No son cinco años o setenta.  

El tiempo es ahora un poco de sangre de venado hecha polvo que soplar, el tiempo es ahora una vela encendida, el tiempo es ahora una mordida de chocolate, el tiempo es ahora unos cuantos granos de maíz criollo. 

Animoso cura el tiempo, desde adentro.  Se anuncia ante los ojos de esos hombres y los libera, mientras ella suelta las hojitas enfermas de todas sus flores y las mira irse como lágrimas que encuentran su fluir en un río generoso, azul y cristalino.

La ofrenda está hecha, su fuerza los habita. 

Gracias, amado universo.


martes, 10 de junio de 2014

Notas mentales, calaveras y diablitos

Dos meses sin supermercado, las provisiones se acaban, el trabajo se amontona, el mate con miel no me sale, los libros suspiran, las plantas resisten, la violeta florece, las fotos se ordenan.

Los amigos están cerca. El tiempo redime. El aprendizaje es colectivo.

Zapateamos hasta tarde,  el baile encuentra. Yo a vos no te creo nada, cómo vos vas a creer en mí.

Necesito dinero, un corte de cabello, concentración profesional, aprender del cardamomo, tener noticias suyas, verdades o mentiras. Quiero ir a nadar, luego echar cumbión loco, danzar como insectos, quedarnos flotando en una panguita el uno junto a la otra, calladitos.

Quietecitos como hongos. Éste es un asalto. Otro salto cuántico de torniquete. Es la armonía del planeta, toda la furia de Brasil que crea. Bellísima entropía.

Cubierta de mis veintisiete, lo que construye por encima de lo que pertenece.

Me acomodo a lo que hay. Es-toy-en-ca-sa.

La vida es para vivirla mejor...







lunes, 2 de junio de 2014

El espíritu bobo de otra anécdota anarquista


(¡Feliz bicentenario, Bakunin!)


No era necesariamente lo que he decidido llamar anarcolover. Es decir, no era el tipo de persona que explota cotidianamente su perfil anarquista para llamar la atención de jovencitas impresionables. 

Tampoco era un anarquista de bloque negro común, solidario con las causas de otros grupos; por ejemplo no era de los que habría propuesto dinamitar los centros comerciales de la ciudad como protesta y renuncia radical a los acomodos del sistema. No colocaba bombas en el congreso, así de grande era nuestra mala suerte.

Mucho menos era anarco-comunista,  su casa no se ubicaba en una torre working class ni coleccionaba afiches de todos los tiempos que reivindicaban su hacer y ser anarco: banderas rojinegras anti franquistas en la sala y comedor, fotografías de levantamientos populares, stickers de jornadas anarcopunk, camisetas o llaveritos de recuerdo con la sonrisa de Kropotkin bien grande al centro.

Ni era el jovial anarquista popular en las filas de la academia. No quería escribir un libro de anarquía a sus relucientes diecinueve años. No quería graduarse de la universidad como anarquista bajo la tesis anarquía del post trauma, o citando a Prudho, o citando en sus redes sociales a Malatesta, o citando incluso a Flores Magón porque venía de un pueblito muy humilde que un día tan tarán.

No organizaba fiestas temáticas bajo el concepto politizante: ¡ANARQUÍA POOL PARTY!

Vaya, hasta  se dudaba que este hombre en verdad fuera anarquista. 

No tenía problemas con la ley, no era perseguido político, no lo habrían capturado el uno de diciembre, no guardaba simbólicas afinidades con el mundo cibernético, no cultivaba su propio maíz. Nada.

Y una mañana no llegó puntual al desayuno de los lunes. El plato frío lo esperaba en la mesa y casi una hora después se hizo presente en el comedor. Traía sus ojos de siempre y el corazón fuera del plexo, hecho añicos. 

Comió de mala gana. Era un niño perdido que lloraba casi demasiado. 

Toda la tristeza del mundo estaba ahí con ese arroz y plátano frito. Los amigos más cercanos habríamos querido saber cómo abrazarlo. Abrazarlo y nomás, sin que ello supusiera una ruptura con las fuerzas anarquistas ocultas. Algo pues.

Una de nosotras rompió la escena dramaqueen antes de que todos nos soltáramos a llorar también. 

Y le pedimos que nos contara.

En sus propias palabras, todavía incandescentes por el llanto, "lo verdaderamente doloroso era que ella nunca iba a darse una oportunidad de estar bien". Y querer a ciegas.

Le dio una mordida al pan y siguió tragando. 






jueves, 29 de mayo de 2014

Tarde de poemos solitarios

No quiero salir todavía, tengo frío, la garganta seca, muchos recuerdos en desorden cronológico, me duelen las piernas de correr a ningún lado.

No quiero saber de ti ni de tu improbabilidad.

Allá en la sierra alguien suspira, teclea, ve la noche caer y dice:

Háblame
aunque estés enamorada
o escurriendo moco
o llorando mezcal
o bebiendo lluvia
o derramando temblores de luz
o durmiendo con la pijama negra sin decir nada
o cosiendo corazones de colibrí en tu blusa

o recordando cómo olvidar
o tejiendo recuerdos

inexistentes...