miércoles, 6 de septiembre de 2017

Barquito

Para po.

Sé que estás en otro rincón del mundo
y que tus ojos son infinitamente más libres
porque has conocido la luz del día claro.

Sé que hace no mucho doblaste el orgullo
y con él hiciste un barquito de papel
cuya misión es llevarte por países raros
con la certeza de sentirte amado.

Sé que nos encontramos en un sueño
y la edad te hace ver más alto y sensato;
vienes acompañado de una linda muchacha
con la mochila llena de perdones y tiernos olvidos.

Nos abrazamos como dos hermanos lejanos
amigos que nunca quisimos ser.

Te lo dije, de esto se trata.

Has crecido demasiado,
la zozobra y el miedo no se sirven en tu mesa
y de alguna tenue manera
tu barquito ya no lleva mis amarras.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Río bravo

Todo lo que permanece
a orillas del río crece
el páramo de esta casa
mis pequeñas angustias
la espera diurna
de lo que no llega.

Las aguas se inflaman,
yo vivo
prófuga de mí.

Falling

Él removía mi vientre
como agitando un puñado de arena.
Más tarde pude constatar que las plantas
se enredan en calma, bajo la sombra
incluso en la noche más profunda,
en los deberes de ausencia
en la insistencia de la lluvia;
y la vida no se detiene.
Una mañana de frío
sabía aunque no en palabras
que todavía es demasiado pronto
para caer.

martes, 18 de julio de 2017

Apuntes sobre el estrago

1.

Esta mañana tomé el metro para llegar a una cita de trabajo a hora y cuarto de distancia del lugar que es mi hogar. El desvelo de siempre, las pocas ganas de siempre, el ayuno de casi siempre, la impuntualidad de siempre, la limitación. La falta.

2.

Encuentro frente a mí a una mujer joven, calculo que tiene máximo treinta y cinco años, pero quizá tenga treinta como yo que le miro. Va sentada y saca sombras y rímel barato de una cosmetiquera muy vieja y sucia. Le miro las medias y me parecen infantiles, son caladas y de rombos, se notan viejas. Me sorprendo criticando a esta pasajera que no conozco, cometo el crimen de pensar en aquello que no tiene.

3.

A un costado de la mujer viajan dos niñas y pienso que son sus hijas, una tendrá diez o once años, carga a quien debe ser la menor, una niña de dos años que bebe leche de un vaso entrenador. La mirada de la más pequeña sobre "la madre" es desafiante, casi de enojo. La mirada de la hija mayor es curiosa, se asoma a la otra. Es que casi podrían ser tres hermanas.

4.

Leo en algún lugar de mi delirio que la hermana mayor se dice así misma que quiere ser como su mamá, y qué gala maquillarse, pintarse los labios, usar tacones. Para entonces he sido descubierta, la niña mayor me ha visto y sonríe.

5.

La mujer mayor frente a la niña mayor comparten secretos, me gusta esa complicidad entre ellas, hablarse bajito, reír poquito. Ni por un instante la madre ha dejado de maquillarse pero la máscara va quedando fatal; el delineador ha quedado chueco, el polvo ha sido demasiado, las sombras van en un color poco discreto para esas horas de la mañana y encima el bilé no combina en lo absoluto.

6.

Pienso en mi madre y en las siguientes cincuenta sesiones que seguramente tendré que recetarme en diván para descubrir algo que no sé o que siempre supe. Es el horror, siento náuseas por el desvelo, me miro reflejada en la ventana del metro y aparece el monstruo en mí: es que me veo infantil y llevo las peores ropas para el trabajo, y además, no me he maquillado, tal parece que no estoy asumiendo con suficiente severidad la adultez.

7.

Ha ocurrido nuevamente: me humillo.

8.

El tren sigue su rumbo. Miro de nueva cuenta a la supuesta madre y noto una repentina supuesta tristeza, trato de justificarla con el pretexto del maquillaje barato que acentúa algunos rasgos en su cara. Pero no. Está triste. Las hijas seguro lo saben. Así se formulan los pactos con el dolor.

9.

Llegamos todas a la estación Centro Médico, las compañeras de viaje salen del tren, las despido con un breve ademán trazado en el aire. Un largo adiós como en aquel libro de Conrad.

10.

Por la noche recuerdo todo este trance matutino y soy capaz de recordar también cuando mi madre compraba zapatos afuera del metro. Recuerdo esas mañanas de salir de casa para ir a la escuela con el sabor en la boca de un mal chocolate con leche.

11.

Mi madre en tacones, minifalda y medias, con su cabello rizado con base permanente. Ambas caminábamos por los adoquines afuera de esta casa, en la calle que todavía hoy recorro cada que voy al trabajo, 25 años después. Allá va ella con su hijita de siete años a quien le paga la escuela con demasiados esfuerzos, allá vamos ambas mientras recito de memoria las efemérides para la próxima ceremonia.

11.

Algo aquí espera sanar.





martes, 13 de junio de 2017

Otra vez

Recorrer el mismo camino
pero no el mismo
ahí, en cada grieta,
en cada miedo
debilitamiento o zozobra

bien 
valdría

caminar despacio,
depositar aquel amor
de entonces que ahora 
existe 
y es real, 

amándonos todavía 
más 

que en aquellos calendarios 
temidos, 

mucho más, hasta convencerte
hasta que la lluvia
escampe
hasta que la planta
surja de la tierra
e ignores en tu sueño
profundo de ave 

todos los finales 
que de nosotros
podrían contarse.

sábado, 13 de mayo de 2017

Mala conciencia

.
.
Desde hace un par de semanas
esta tarde de sábado para ser más precisa
un epifanía de ternura recorre la casa,
intento dormir y no puedo

ahí está la vida en la mecedora de la abuela
lanzando su hechizo

las vísceras crujen
el cielo se nubla
la metáfora perfecta para otro poema inútil
sale a relucir

y el cuerpo se crispa

quiero salir sin espantar a las plantas
ensuciar la existencia con el smog de la calle
y toparme con nuevos latidos
confundidos y apesadumbrados como el mío

todavía me acuerdo de hace dos años
el día en que por azar perdí lo que no tuve
hacía este mismo calor gris de mayo
y yo tenía más plantas regadas en lugares ajenos
a los que nunca logré pertenecer y adaptarme

y quizá es por eso que ahora
debo limitarme a recorrer más horas en silencio,
ese estatuto tan distinto de no hablar, callarse
no decir y si es posible tampoco pensar.

Decía que una revelación se asoma
en lenguaje y cuerpo oculto, pero entiendo:
no puedo apartarme
huir

abandonar

la propia tarea de de vivir.







lunes, 8 de mayo de 2017

Regreso

-Poemas para crecer- 


Con la necesidad
de ser
invisible en la ciudad
arrojada a perseverar
nuevas mañanas,
las plantas en espera de agua
el árbol desconocido que habita mi cuadra
los espejos llenos de polvo
frente a mí
        mirándome a los ojos,
        examinándome
            como animal
                              raro

y decir esta no-soy
la misma arruga en la frente
pero un poco distinta
la misma manía de proponerme
iniciar de cero
porque sea lo único que a veces
salva

pero un poco distinta
porque los amigos vinieron
a regar el breve jardín interior
y en los estantes reposan
otros rayos de luz y silencio
polutas neón y fragmentos míos
a ocho bits, un templo
remoto y vectorizado.

Hay un lugar en todo esto
al que puedo volver
tiene proporciones exactas de ternura
y deseo,
asentado con la franqueza
de quien no puede regresar a la infancia
de quien sostiene en sus manos
la fragilidad de un día nuevo,
ese planeta en espera
                                  de recorrer
ir, avanzar
               
       no detenerse

quizá con la promesa de existir y ya
sin que a nadie le convenga
porque sí, porque es de día
y en los cajones aguardan
calcetines perdidos
trastes viejos
libros tristes

anécdotas para entender
el estado del tiempo
la dimensión de las cosas
apenas descrita
      sin inventar.

Vengo de un lugar todavía más distante
y extraño
vengo de las confesiones del cuerpo
donde cruza el lunar con la herida
conjunción entre el caos y la exhalación
llamada a traducirse en ritmo,
del encuentro precipitado
que oscila entre la incertidumbre
y algunas certezas siempre inútiles,
el tiempo en que fui preciosa
esa flor que ignora su figura.

Pero el asunto me parece más serio ahora,
se trata de dibujar un centro, una curva
al lado del río cuyos alrededores
han reverdecido.
Se trata de mí, otra vez
en esta ocasión vacía de silencio
con la palabra
viajando
para ocupar un lugar en el mundo
con la labor por delante
política y transformadora
porque no puedo ahora esperarme
         
      debo seguir

aunque en esta insinuación de vida regrese
al café desabrido y los malos guisos
a la compañía vespertina puntual de mis fantasmas
a la oración por quienes amo
al universo entero
casi a punto de colapsar y revelar sus misterios,
esas simpáticas partículas de las que vengo
hecha,
pero no demasiado
apenas, un poco.