jueves, 30 de abril de 2015

Hacerse el mapa

Es conveniente saber trazar un mapa. Cuando a uno le va de la verga en la vida, o cuando le hace uno al drama, o cuando todo se salva en cobardía, existe un ritual bobo en el que te obligas a hacer, a poner en acciones, diez maneras que son indispensables para tu supervivencia cotidiana.

Quiero decir: te obligas a levantarte de la cama aunque sea la una de la tarde. Pasé por el episodio de no levantarme en todo el día de la cama un par de ocasiones con nivel de culpa sobresaliente. Este atentado es violento por lo sutil, se trata de llevar al límite la capacidad de postergar las otras nueve acciones, es infalible.

Además te obligas a llevarte un pan a la boca, te obligas a darte un baño y fumar menos que una caja al día. Te obligas a no llamar a tu mamá (nivel de destreza: alto), te llevas a rastras al trabajo. Te obligas a no textearte con ni madres de tus amigos y menos aún con la calidad de persona a quien pongas como pretexto para ocultar tu falta de autonomía.

Te obligas a estar en ninguna parte. 

Aquí es donde viene lo del mapa. Con el tiempo te darás cuenta que existir duele y nadie (a veces ni tú mismo) es responsable de ello. Un par de amigos jipis te dirán que te enfrentas al largo y no menos asombroso camino del autodescubrimiento. Esos seres afirman que hay una luz al final del camino. 

Lo cierto es que en algún punto descubras que tanto pensar no te lleva muy lejos, pues recurrentemente acudes a los hubieras, le haces de tira contigo, y es justo rumiando en tu cabeza que te ves imposibilitado a tomar tus absurdas diez acciones del día.

El ritual consiste en abarcar con la memoria todos aquellos momentos de ese pasado que tanto te gustaría recuperar. Es lógico que esos recuerdos estén llenos del amor que has compartido con los tuyos, y que no alcances a ver que depositas demasiado en el bien que te proporcionan los demás.

Es necesario entonces tomar nota de esos bienestares, incluso explicando que los compartes con otros o que son únicamente los otros quienes los suministran. Esto requiere honestidad y te va a costar mucho mirarte en el espejo.

La magia de este costumbre surte tal efecto en la imaginación que por un instante puedes borrar al mundo. Si las personas viviéramos en un excel la columna que dice personas que conozco debería borrarse, de eso se trata.

En los confines de la desértica soledad, ahí donde todos ellos y aquellos ya se fueron, justo en esa intersección estará la lista de bienestares primarios que habías dejado de construirte para ti mismo. Ahí esta tu talento para tal o cual oficio, ahí están tus apetitos más oscuros, las noches de tu vida más memorables.

Para entonces ya no es necesario obligarte a tener diez mínimas consideraciones con tu ser, si miras bien la lista de las cosas que creías disfrutar sólo en compañía, resulta que en realidad muchas de ellas las puedes hacer por ti mismo. 

Un pequeño tirano individualista sonreirá desde tus entrañas agradecido contigo, por satisfacerlo. Se llama ego y tendrás que conocerle.

En tanto llegará una noche que te de mucho antojo ponerte un gallo y un mezcal y cocinarte solo para ti hasta tarde, tendrás más tino para aprender a colectivizar algunos asuntos de tu vida, los planes serán menos a largo plazo pero más sinceros. Los viajes serán una maravilla a tus ojos, quizá vayas a sembrar. Notarás que el 87% de tus haceres (que han incrementado notablemente) tienen alguna incidencia política, algún rebote en el pensamiento humano. Cogerás más, o menos, pero más rico. Algunos te encontrarán muy bello y apetecible. Flotarás en el vacío como el que nada de muertito.

Así el ritual bobo.

No hay final para ninguna luz de ningún túnel, lo que hay es una franca calma en toda la magia que acumulas y reflejas en tu forma, en solitario. Lo que hay es pasarla poquito bien contigo y saludos breves a las personas que has amado, los rencores se disuelven con el humo, acuden a tu mesa todos tus chamanes.

Platicas con tus ausencias, seguramente les has invitado de tu cena, como si tu cocina fuera la mejor de la ciudad. 

Escuchas las canciones que ponías con tu exnovia de los veintes y todo acaba en que le dices imaginariamente:
siempre nos vamos a querer. 


Pink Floyd - Echoes 


lunes, 9 de febrero de 2015

Veintiocho, escrache al cuerpo

No se sabe de qué es uno capaz hasta el día que amanece en un lugar que no es casa, digamos en un no lugar, con una botella de whisky vacía en la bolsa. Esa ebriedad permite ver un poco el fondo del sí mismo, las nuevas formas.

Quizá me reservé hasta este lunes de oficina con las manos congeladas para escribir este no-suceso. Evitando el incómodo lugar común de hacer como que se escribe mejor siendo un borracho, porque no es así y de todas maneras escribo horrible.

Aquella noche fue la más divertida. Bailar sin limitaciones mentales canciones pasadas de moda y hacer el ridículo. O no.

Domingo, 3: 35 am. En el baño una chica travesti me concedió el honor de usar su lapiz labial rosa pastel y me lo unté en la cara con el mismo orgullo que desperté horas más tarde.

Domingo, 10:20 am. El maquillaje era un desastre, miré en el espejo de aquél departamento la peor versión de mi misma. El delineador batido insistía en que mirara, los labios hinchados y calientes también.

No fue una noche de agotador sexo salvaje, vaya, ni siquiera tuve el gusto de pasar la noche acompañada más allá de los amigos agitados con los que bailé sin parar. 

El tema era muy otro. Porque eso que vi en el espejo, ese lugar de batallas tan descompuesto, me azotó en la cara un guiño de libertad. Comunicarse con el lado turbio de un cuerpo que día a día se diluye hasta la muerte no sólo es posible, es indispensable.

Y para qué.

Para obligarse a salir a la calle en busca de alimento, para seguir insistiendo en ese nivel precario y tierno de la sobrevivencia que por supuesto nunca se merece. Soy capaz de reconfortar mi mente y espíritu: este domingo puedo sola. 

Hay que bajar la guardia, un día esto también acabará.

El sol del medio día me dejaba ciega, caminé hasta el mercado y de regreso. Por esas calles podría o no encontrar a quien el azar me pusiera enfrente, a algún cariño de otros tiempos, un familiar al que tienes siete años de no ver y no es familia, ese invento del patriarcado al que decidiste nombrar el amor de tu vida. 

Entretanto, el ficcional paseo, transición sábado-domingo, concluyó sin hablar con mis fantasmas. Porque el fantasma era yo jalando mi sombra teporocha. Sin brasier ni calzones debajo de la ropa, recién desmaquillada, cargando por tu barrio, casi afuera de tu casa, las bolsas del mandado. 

 




lunes, 15 de diciembre de 2014

¿Seremos?

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a lo mejor...

un día
que no piense demasiado en ti;




hoy

        no se puede







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martes, 9 de diciembre de 2014

Lucio

Todos estos días que la wasa se prestó a indignarnos o al revés, que se usó el #todossomoscompas y demás, tuve muy presente al compañero lucio. 

Compartí camino con el compañero lucio poco más de una hora allá en el sur. Lo que me contaba era fascinante, principalmente que en cierta temporada del año a los compañeros les da por comerse las mariposas que andan por ahí volando.

Y a juzgar por las palabras del compañero, son verdadero manjar en el monte.

Vale, pues eso. Éste fue un post con el ser-haciendo muy agradecido con lucio, por la tertulia, el auto, los años, su andar sin pasamontaño nomás para mostrarse cuando la noche era oscura y lejos se miraba el alba. 




sábado, 29 de noviembre de 2014

Tolsá 20:52

Hemos comido la ira en la misma mesa
y visto al pueblo sacudirse la dignidad.

Las lunas de noviembre fueron la siempre guía
de un corazón que no deja de latir,
aunque nos repriman,
aunque nos desaparezcan,
aunque nos.

Unos compas resistiendo.

Decenas de miles escupiendo al miedo.

Cuarenta y tres. Once. Dos.

Y todavía no has visto nada.

El acuerdo fue acuerdo, el regreso fue regreso.

Luego vino el robo de ternura a mansalva.

Nos hemos robado un pedacito de piel sin para qués.

Se me está acabando el tiempo para decirte
lo que sé que escuchas en mis ojos.

Estás ahí
todavía dormido,
el calor aún distante se aproxima a la Tierra
en sus fragmentos de nube.

Cobijo tu ser
haciendo manto con los últimos temblores.

Tu risa es la música que baja como neblina sobre mi ánimo.

Ahuyentamos el frío todavía necesario para abrazarnos
y abrazarnos.


viernes, 21 de noviembre de 2014

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Un día que haga ternura te diré.

Te tomaré de la mano que ahora tiene ampollas y moretones.

Contaré la angustia que es huir de una horda de monstruos con las agujetas desamarradas.

Quizá te sonreiré menos pero más honesto, o más sensato, o más cansado.

Un día muy pero muy muy lejano, quizá de ancianos.

O quizá cuando dobles a la vuelta de la esquina desapareciendo con el infinito instante.

Moriré por ese día que haga soleado o lluvia, o simplemente silencio.

Esperaré hasta tarde, saldrá la luna, contaremos estrellas en vez de muertos.

Arrimados a las vías de un tren.

Te juro que ese día existe.

No tarda.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Notita antes de arruyar bestias internas

Constato que soy más antisocial que nunca en la vida y aburrida. 

Estoy a tres días de cerrar un festival más, uno que para mí fue muy importante. Que se construyó con la voluntad del trabajo colectivo y que ha tenido altibajos históricos.

Hay cierta doble moral en todo esto porque lo disfrutable no es disfrutable. Más allá de nuestras narices siguen faltando nuestros 43 de Ayotzi. Y cuarenta y tres significa miles y miles, una montaña fosa común gigantesca de la que se asoma un rabito apenas, la punta del iceberg.

Resumidas cuentas estoy agradecida, el año pasado todo era más caótico y problemático y azotado. Ahora hay calma interna, tengo esa impresión.

Pero también siento mucha nostalgia porque al finalizar la función de cine pues la realidad ahí está, impenetrable, desorbitante, triste al fin con todo esto que pasa y que tanto nos arrebata: amores, recuerdos, posibilidades de maestros, posibilidades de sueños

posibilidades de familia

posibilidades de que esto levante


posibilidades de aparecer por ahí


con vida

infinita

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