martes, 14 de junio de 2016

* emoji de café *

Hola.

No sé cómo decirte que pan con nutela una mañana tender la cama ver el sol al oriente de la ciudad juntos o algo tapete de colores reguemos las plantas risas repartidas como pan saludos cordiales viajar a la cocina lejos del ruido salir y llegar temprano mientras el barrio aprende en calzones hacernos tocino te de querer aunque sea tibio desayunemos un día largo la patria no existe después de dormir te hago me haces * emoji de café *

Hola.

No sé cómo decirte que desde hace tiempo estuve pensando y a duras penas no se me olvida esa tarde en el cine que hice algunos planes pero nada seguro ni quiero espantarte por qué no vienes me da miedo y forjo un porro o escuchamos samba destructiva o mejor me muero a la verga un poquito pero quédate a dormir o habla de tu futuro frustrado hasta que me de sueño te espero en algún pueblo en la neblina mientras amanece si me visitas por mi casa eres mi país en la mañana * emoji de café *

Hola.

No sé cómo decirte y si vienes en la semana y desayunamos pero sin que parezca frívolo ni impuesto o ya con mucha intensidad para ser las diez de la mañana el despertador ya sonó son las ocho y cuerpo a qué hora entras ya llegué tarde tienes hambre pero algo rápido aunque sea tengo fruta otra vez no pude dormir y tengo una junta pan tostado visitemos el mundo no te vayas mermelada de naranja todavía quieres * emoji de café *


domingo, 15 de mayo de 2016

Teorías idiotas

¡Otra vez a media noche en medio de mis teorías idiotas! Otra vez platicando con tu versión de veintisiete años. Todavía estudio detenidamente todo lo que no te dije. Hoy recordé aquella ocasión que te retraté en uno de los balcones de la cineteca y no creo habértelo comentado pero desde entonces cada que entro a ese lugar miro arriba al lado derecho y pienso en la fotografía y en tu chamarra café. Siempre te molestó que llegara tarde. Por el momento me gustaría hacerte saber que llego puntual a mis citas de trabajo y al psicoanalista. La vida me parece muy distinta a la que solíamos vivir. Siento una insondable nostalgia al reconocer que en algún momento mis teorías idiotas dejaron de parecerte atractivas. Por ejemplo, está la teoría idiota de filmar a mi familia porque sospecho que la abuela Elena va a morir y siento que tras su último aliento desaparecería la mitad de la historia que creo tener, la mitad de la vida que creo haber vivido. Tengo la teoría idiota de haberte perdido demasiado pronto en todos esos domingos que no fuimos al cine después de que yo regresara del pueblo para contarte, oye bribón tuve esta idea de hacer un documental, oye te prometo que no llego tarde, oye te parece si vemos la última de los Cohen, oye creo que tengo miedo, oye hoy mis primos y sobrinos fueron a la tienda. ¿Tú te imaginas que un hijo pida domingo para ir a la tienda? Oye fíjate que mi abuela sigue mal y no quisiera que tanta memoria se disuelva ¿y si hago una película? Oye fíjate que desde hace unos meses me encuentro con asuntos que solían ser nuestros, quizá hoy un poco más.



jueves, 5 de mayo de 2016

Hay que saber que uno muere

Era mar abierto y mayo, era la cama de tantos hasta esa noche que sutilmente descubrí el sentido real de la ausencia. Fue que me pregunté por qué siempre duermo sobre el costado izquierdo y dejo en blanco la otra mitad de la sábana. Pero si no hay nadie aquí, repetía mientras remaba para no naufragar en mi propia tormenta de lágrimas y babas.

Muchas situaciones habían cambiado: reduje la lista de amigos, los amantes eran especie en extinción, el cabello era tan corto como a los doce años, los muros recién pintados, la basura se sacaba todos los días, hubo muebles que fueron regalados y las lecturas se pospusieron cada vez menos. Sin embargo permanecía aquel hedor de encierro, la propia esclavitud más cínica que nunca y la mentira.

La mentira con que crecí, la mentira que día a día inventé para medio vivir en el mundo, el trabajo mentira, el logro mentira, el amor mentira, todo aquello. Qué haré con toda esta mentira además de llorar, murmuré. Si la verdad, por el contrario, vive en la falta, en las omisiones cotidianas, en la exactitud con que el guión tan bien aprendido se ejecuta.

Me vi morir entonces, estoy segura y fue fugaz. Repetí a secas este es el yo que muere, con su brutal mentira y su aún no nombrada verdad. Mientras tanto acometieron llantos mayores, olas más altas. Sin recuperar del todo la conciencia me recosté de nuevo, apagué las últimas luces y pensamientos sin articular esperanza alguna porque de la mentira no debe esperarse nada.




lunes, 18 de abril de 2016

Tercer lunes de abril

Viene la lluvia, los gritos de los niños, este querer alcanzarte hasta quien sabe dónde y me explico que es improbable. Después de todo el mundo no colapsó ante nuestra falta, las canciones siguen sonando, el deseo sigue abriendo sus fauces y galopa veloz, los cruces peatonales de fin de semana me hacen la existencia menos insoportable.

Y me asusta un poco el silencio en que nos sumergimos para explorar nuestros miedos. Pienso en el volcán, en los últimos días del año con su salto al vacío, pienso mucho en ese pedazo de bosque y sus temerosas oscuridades.

Soñé que éramos muy buenos amigos, me enseñabas un papelito con alguna broma mala, sonreías mientras caminábamos por una banqueta soleada. Y fue ahí cuando empecé a extrañarte, como a esta hora de no poder simplemente decirte hola con mis habituales bobadas.

Quiero amarrarme a un cometa y volver a la Tierra en mucho tiempo. Llevar en mi mochila todo lo nuestro, nuestros playlists, nuestras malteadas de fresa, nuestros bailes a solas, nuestros interminables cafés y cigarrillos, pero no se puede.






martes, 5 de abril de 2016

Like me very much

No solo te enseñan a ser la hembra más apta para el macho,  este sistema patriarcal también somete a las mujeres a invertir en su resolución de conflictos personales con la ilusión de "ser especiales" para una pareja al final del trayecto, del otro lado del puente.

Es decir que procesar tu lío de vida se convierte en la falsa promesa de ser premiada por un "mejor amor". Como si la idea de felicidad no pudiera fundamentarse sobre el ejercicio único de la autonomía, como si tanto chingarle una consigo misma se convirtiera en un espectáculo para la sociedad y sus aberraciones.

Me enferma la falta de carácter que muchas mujeres asumimos para trabajarnos en colectividad sin muletas emocionales; pareciera que es doblemente difícil conquistar una intimidad profunda sin la figura de un padre, mejor amigo, colega, novio o esposo.

Pero me enferma el doble encontrarme en tantas escenas de la vida cotidiana competencia entre mujeres, tejidas en un para nada modesto coto de poder vertical, tratando de ser la más linda, la más dispuesta, la siempre incondicional de buen humor, la más hábil en algún puesto de trabajo y un largo etcétera.

Este muro debe caer.


domingo, 3 de abril de 2016

Escribir cada día de algo. Uno.

[Duración: 33 minutos]

A un año de tomar aquella foto titulada crucifixión.

Bien, no sé por dónde comenzar, el mal hábito de escribir sin constancia me hace dudar del resultado terapéutico. Quizá deba iniciar por el consejo de Julián sobre escribir no menos de hora y media cada día, así que este podría ser como en todo proceso de rehabilitación mi día uno. Pero vámonos más atrás a otro día uno,  a uno que ocurrió hace 365.

Hace un año bla bla bla. Recuerdo que una noche igual de cálida que esta decidí no volver a casa, previo a ello consulté el i ching y entendí que debía volver pero transgredí esa imposición cósmica. Me fui y en este episodio sigo sin poder revelar de manera pública a dónde.

Me fui tan lejos que a la mañana siguiente no encontré el camino de vuelta. A la par, dos seres en los que deposité de distintas maneras el significado "amor" retribuyeron mis intenciones emancipatorias con violencia. Aquí ya no vuelvas, cada uno a su manera dijo.

La violencia acarreará más violencia, primera regla. Unas horas más tarde de aquel día que ahora describo cometí la estupidez de agarrar las pocas cosas que creía representaban mi estancia en un lugar y huí nuevamente, me llevé la ropa y las plantas.

Aquí hay algo importante que elaborar, aunque entonces no lo sabía: en cualquier relación amo y esclavo, suprimir alguna de esas dos palabras variables conlleva a que la palabra sin antónimo cobre un significado otro. Particularmente, aquel que asuma el significado de la palabra amo quedará enfermo para hacer que su esclavo vuelva.

Volví un poco más, solo un tiempo, traía conmigo la ropa y las plantas. Hay momentos que guardo en la memoria como aquellos que marcan el principio de un fin, largarme supuso eso, el principio de un caer al vacío cada vez más vacío, desarticulado y profundo.

Esa señal histórica en mi calendario trajo consigo más tragedias, de todo tipo. Entre abril del año pasado y abril de este año me parece solo haber protagonizado eventos llenos de miseria y destrucción, tiempos oscuros.

Comprendo que hay una relación muy estrecha entre un desbalance emocional y la búsqueda incesante de alguna muleta que sostenga aquello. Es decir, porque no sé si me explico, cuando una o uno atraviesa un episodio lleno de dolor buscará sentir intensamente por oposición algo muy parecido a un gran amor, igual de intenso. El chiste es sentir porque a veces suponemos erróneamente que no seremos capaces de hacerlo. Nos estamos deshumanizando.

La desesperación suele poner al corazón en lugares incorrectos aunque juremos que esos lugares son los correctos, aunque creamos que ya venían marcados en alguna carta astral. Forzaremos muchas cosas para afirmar este es el lugar correcto, nos mentiremos a nosotros mismos, todo con el fin de librarla rápido sin rasparse demasiado las rodillas.

Otra cosa que sucede es jurar que uno o una está sanando. Tenemos esta necesidad de reforzar la idea de nuestros propios procesos de reconstrucción frente a otros y otras. Este año observé que tiendo demasiado a sanar cada cinco meses o cuatro, o a lo mejor cada semana. De decirle al mundo ya a huevo, está todo bien, camino por la paz y la serenidad, me iluminé, estoy resuelta, no me duele nada. Nada de eso es de fiar.

Entonces están las falsas señales de verdad de nuestras más truculentas mentiras, de las más implacables.  Por ejemplo, yo me inventé una alcoholemia en Mérida donde creí haber soltado a las personas que me habían lastimado.  Pero solo me herí más, todavía me alcanzó para volver al DF más sola conmigo pero con la verdad-mentira inmediata de estar en camino a la sanación sino es que ya curada de un notable rechazo.

La serenidad de lo ya sanado no era del todo mentira pero tampoco era una certeza, o quizá era una muy débil, duró nada. Mis intentos de reconciliación con los demás duraban nada. Al menos agradezco a quienes en total prudencia me mandaron al cuerno para no ser arrastrados por el ciclón tan destructivo en el que me enfrasqué todo el año-pasado.



lunes, 21 de marzo de 2016

El monchis

Quiero encontrarnos en muchos cuentos peruanos, habitar otros tiempos. Quiero irme a vivir contigo a ninguna parte, bailar el último foco rojo que nos de tregua, y quiero que no hables pero los cuerpos. Mirarlos ahí al alba en un bolero árabe o mejor rock texano.

Te quiero pan con crema de avellanas, te quiero tocino frito, te quiero papa asada.

Te quiero porque no hay urgencia que nos contamine ni tenemos mañanas llenas de hastío escupiéndonos al desayuno los proyectos que no hiciste, las mujeres que no besaste, los cuerpos que no nos calentaron, los propósitos no cumplidos y la ruin expectativa working class que tanto jode.

Quiero despertar a tu lado tirados en el lodo del Amazonas y que me cuentes esa historia en la que soñábamos desnudos que un dios nos creaba. O despertarnos en mi casa para catalogar los misterios en el polvo de mis muebles.

Llévame al mercado, tomemos mucho dripper y escucha mis hipótesis idiotas sobre la vida, y no hagas tuyos mis miedos.

Te quiero chilaquiles verdes, te quiero té de jazmín, te quiero café aguado de cafeterita eléctrica.

Reúne con nosotros nuestra infancia, deja que te vea caminar sobre el empredrado mojado de Pachuca cuando salías de casa de tu abuela. Convoca nuestra juventud, vamos a hacerle tecito de naranja y toronjil a las cuatro de la mañana. Cuéntame que querías ser astronauta.

Cuéntame la historia del matemático a quien se le hicieron hongos en los sesos. Corre conmigo diez kilómetros de fractal, enrédate en mi cuertpo, construye con la cal de los años el poema de la ternura, de la bravía, el poema de los que resisten.

Te quiero, dona de chocolate, te quiero chalupa, te quiero flan napolitano.